La pirámide nutricional ¿es fiable?

Por Conchi Maximiano Alonso (Dietista-Nutricionista)

Existen diferentes herramientas para hacer más accesible la información nutricional a la población. La imagen más conocida y usada es la pirámide nutricional o de alimentación saludable, aunque tiene diferentes interpretaciones en función del país al que acudamos. Desde el arcoíris en Canadá, la olla de Guatemala y Honduras, la pagoda en China, la pirinola o peonza en Japón y Venezuela, el tren en Colombia, el ovalo en Argentina, el plato en EEUU, el mortero en República Dominicana, etcétera.

Pero… ¿realmente es una herramienta útil? Pues bien, para poder hablar con propiedad, tomaremos como ejemplo la pirámide de referencia más moderna desarrollada en España, la Pirámide de la Alimentación Saludable de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Es de todos conocida la importancia del consumo de alimentos de origen vegetal, en concreto de frutas y verduras. Pero… ¿por qué no se sitúa este grupo en la base de la pirámide? En ese privilegiado lugar se sitúan los cereales, entre otros farináceos. El consumo de frutas y verduras en nuestra sociedad no es el deseado, unido a que se da más prioridad a los alimentos del grupo de los cereales, la información que llega al consumidor es contradictoria. El grupo de frutas y verduras debería bajar un escalón y situarse en el lugar que se merece.

Otro punto importante, son las bebidas alcohólicas. Es cierto que se sitúan como alimentos de consumo opcional, moderado y responsable en adultos, pero por esa misma razón su presencia es totalmente prescindible en una herramienta de educación nutricional, más teniendo en cuenta que se está poniendo en duda, entre los profesionales de la salud, sus posibles beneficios, por lo que necesitamos estudios más profundos para llegar a recomendar su consumo. Por esa misma razón no deberían aparecer dulces ni caramelos, ni bollería industrial.

En la cúspide se sitúa un banderín que hace referencia al consumo de suplementos nutricionales, punto del todo prescindible siempre que se siga una alimentación sana, variada y equilibrada, y no se padezca alguna patología o estado fisiológico que así lo precise, como puede ser la suplementación en yodo y ácido fólico antes y durante el embarazo.

En definitiva, a las pirámides de alimentación saludable se les debería dar una vuelta de tuerca más, ya no sólo por las apreciaciones anteriores si no por múltiples matices que se podrían hacer para la población general, sin entrar en detalle con respecto a otros grupos poblaciones como niños o ancianos.

Los profesionales de la nutrición deben adaptarse a las nuevas tendencias, como es alejarnos del constante conteo de calorías, y fijarnos mucho más en la calidad de los alimentos que en el tipo de alimento en sí. Esto último hace referencia a que a pesar de que muchos alimentos comparten grupo alimenticio, no son equivalentes, por ejemplo, un yogur no es equiparable a una ración de queso curado, ni en composición ni en valor calórico. Y siempre hacer hincapié en la importancia de la reducción de consumo de alimentos procesados, alimentarnos lo más natural posible, reduciendo significativamente el consumo de sal y azúcar añadido, ayudándonos del etiquetado nutricional de los productos para detectar aquellos que los contienen.

Existen otras herramientas prácticas como el método del plato saludable, del que hablamos aquí.

En definitiva no sólo hace falta una revisión de las herramientas visuales que se emplean en educación nutricional, sino una correcta interpretación de manos de los dietistas-nutricionistas, y así poder formar a la población sobre en qué consiste una alimentación saludable.

Imagen: freestockphotos.name