Aprender a comer sin sal, ¿o sin ultraprocesados?

Por Dietista Nutricionista

La principal recomendación que se suele dar a personas con hipertensión o con riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es que reduzcan su consumo de sal.

Es por esta razón que se tiende a disminuir la cantidad de sal que se añade a la comida durante su cocinado. Sin embargo, en muchos de los casos, el exceso de sodio que se consume no proviene del salero, sino de los alimentos ultraprocesados que suelen estar presentes en la alimentación a día de hoy y que, por aumentar su vida útil, conservación y por potenciar el sabor, añaden una gran cantidad de sal.

El pan o los embutidos son uno de los alimentos que mayor contenido en sal aportan a la dieta, alimentos que suelen estar muy presentes en la alimentación actual.

Para reducir el consumo de sal, bien porque se padece hipertensión o cualquier otra enfermedad cardiovascular, se está en riesgo de padecerla o bien es un nuevo hábito que se quiere adquirir, es recomendable:

1. Consumir alimentos frescos y evitar precocinados, procesados y envasados.
2. Leer las etiquetas de los alimentos que se compran y comparar entre alimentos similares antes de elegir. Muchas veces la diferencia de sal entre dos alimentos aparentemente iguales es bastante variable. Para comparar, hay que fijarse en el contenido de sal por 100 gramos o ml de producto.
3. Tener en cuenta que en la etiqueta, la sal no sólo se representa en la lista de ingredientes por su nombre, si no que algunos conservantes o potenciadores de sabor contienen sodio, como el caso del glutamato monosódico.
4. No olvidar consumir una cantidad suficiente de frutas y verduras para asegurar un adecuado aporte de potasio, un mineral muy importante para regular la presión arterial. En ocasiones, la falta de este grupo de alimentos tan importante está relacionado con el desarrollo de hipertensión.

Si aun limitando los alimentos ultraprocesados y aumentando el de los vegetales, es necesario reducir el consumo de sodio, se recomienda ir limitando poco a poco el consumo de sal de mesa. No se debe restringir de golpe, ya que al fin y al cabo, el gusto por lo salado es adquirido y debemos acostumbrarnos a consumir menos sal limitándola progresivamente. Si la restricción de sal es brusca, se podría mostrar rechazo.

Sin embargo, eliminando de forma progresiva los alimentos ultraprocesados de la alimentación, el paladar ya estará reeducándose y se adaptará mejor a sabores más suaves.

Para dar sabor a las comidas también se puede recurrir a especias y hierbas aromáticas, limón, vinagre…